viernes, 17 de mayo de 2013
La mujer ha realizado y realiza el esfuerzo o trabajo
reproductivo que permite la supervivencia de individuos y sociedades.4 A lo
largo de la historia y hasta fechas recientes, con el objeto de garantizar la
supervivencia social y en un contexto de altísimo mortalidad (tanto en tasa
bruta de mortalidad como en mortalidad infantil), ha sido necesario mantener
una muy alta natalidad (tanto en la tasa bruta de natalidad como en la tasa de
fecundidad) para garantizar un reemplazo suficiente de las poblaciones.5
La mejora en la alimentación, la generalización de la
higiene, la sanidad y la difusión de medicamentos han sido decisivos para el
fuerte crecimiento de la población mundial que ha pasado de los casi 1.000
millones en el año 1800 a más de 6.000 millones en el año 2000 y a 7.000
millones a finales de 2011.6 7 La necesidad de una alta reproducción ha dejado
de ser uno de los tradicionales problemas de las sociedades -y por supuesto del
mundo en su conjunto- para incluso convertirse, para algunos autores de corte maltusianismo como Paul R. Lichera, en un nuevo problema, la superpoblación.
La reducción de la tasa bruta de mortalidad es
característica de la denominada transición demográfica así como una fuerte
reducción de las tasa de natalidad es característica de la segunda transición
demográfica junto con cambios sociológicos que afectan básicamente al papel
tradicional de la mujer.8 9
Los avances y difusión de los métodos anticonceptivos junto
con la reducción de la presión social sobre la mujer para mantener la población
-al alcanzarse una alta supervivencia de las poblaciones- permiten que se
produzca lo que algunos autores como John MacInnes y Julio Pérez Díaz denominan
revolución reproductiva. El esfuerzo reproductivo se reduce, la supervivencia
de los individuos -la baja mortalidad- permite entonces reducir sustancialmente
el número de hijos. En las sociedades modernas se da una alta eficiencia
reproductiva que libera a la mujer de buena parte del trabajo que desarrollaba
tradicionalmente y la permite incorporarse al mercado de trabajo modificándose
sustancialmente las relaciones sociales antes establecidas y advirtiéndose
cambios sustanciales: declive del trabajo reproductivo (fundamentalmente en la
mujer), derrumbamiento del patriarcado, privatización de la sexualidad y
reducción del control social sobre la sexualidad; desaparación de la
punibilidad de las relaciones sexuales no reproductivas; alto control sobre la
procreación con el uso de métodos anticonceptivos y apoyo intergeneracional muy
amplio a hijos y nietos, reforzamiento de los lazos familiares profundos;
aumento de los años vividos o madurez de masas; centralidad de la familia y
reforzamiento de los lazos e importancia de la misma.
jueves, 16 de mayo de 2013
En la antigua Roma los líderes derrotados eran a menudo transportados en carretas durante la exhibición triunfal del general victorioso. Los carros para la carrera tenían forma de concha puesta sobre dos ruedas, más alta por delante que por detrás, con una lanza muy corta, a la cual se uncían cuatro caballos de frente. Los carros de triunfo tenían una forma redondeada; el vencedor iba en él en pie y dirigía por sí mismo los caballos.
Servían también los carros para otras ceremonias: se llevaban en ellos las imágenes de los dioses en el día de preces públicas; se ponían también en los mismos las estatuas de aquellos cuya apoteosis se hacía, e iban en ellos las familias ilustres que asistían a la fiesta. Los cónsules, al encargarse del mando, eran asimismo conducidos en ellos. Sin embargo, la historia refiere que Camilo entró triunfante en Roma de este modo, pompa que se hizo después ordinaria, pero que esta vez no cayó bien a los republicanos. Durante el gobierno consular, los carros fueron dorados; bajo los emperadores fueron de marfil y hasta de oro. Se les rociaba con sangre para darles un aire más marcial. Los carros cubiertos se distinguían de los otros por una cúpula cimbrada. Servían para uso de los pontífices romanos y verosímilmente para las mujeres.4
En Inglaterra, hasta su sustitución por los azotes, en virtud del mandato de la Reina Isabela se utilizaban las carretas para transportar al condenado a
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